El Tribunal Supremo indica que las diferencias físicas entre los integrantes de la rueda de reconocimiento no afecta a su validez

El pasado día 22 de enero de 2015 el Tribunal Supremo resolvió que la ausencia de similitudes físicas entre los integrantes de la rueda de reconocimiento sólo afecta a la convicción o credibilidad de su resultado pero no a la validez. Una vez la STS 13907/2001 de 21 de junio de 2001 ya indicó que el cumplimiento más o menos riguroso de la exigencia contenida en el artículo 369LECrim no vulnera ningún derecho fundamental ni origina la nulidad prevista en el artículo 11.1 LOPJ.

En el presente caso se interpuso recurso, entre otros motivos, porque a juicio del recurrente se había producido una vulneración al derecho a la tutela judicial efectivo al realizarse un reconocimiento en rueda sin que existieran similitudes físicas entre los participantes, contraviniendo lo dispuesto por el artículo 369 LECrim, que indica que la diligencia de reconocimiento se practicará haciendo comparecer a la persona en unión con otras de circunstancias exteriores similares.

Si bien es cierto que este caso tiene la particularidad de que no se cuestionó la validez de la prueba ni al momento de su práctica ni en ningún momento de la instrucción, por el Letrado que actúa como garante de la legalidad, sí se alegó en el recurso la infracción de la ley procesal, por entender que el reconocimiento en rueda se había practicado sin concurrir los requisitos legales. Ante esto, el Tribunal Supremo ha indicado que las similitudes en las características físicas de los sometidos a rueda de reconocimiento afectarán al grado de convicción o credibilidad de su resultado pero no a su validez y menos aún afecta a otros medios probatorios de identificación que puedan haberse practicado (reconocimientos policiales de fotografías, los realizados directamente en el juicio oral, testimonios de otros testigos, hallazgos de huellas, de sangre o del calzado). No cabe por tanto anular el resultado del reconocimiento en rueda sin perjuicio de examinarla junto con el resto de las pruebas de cargo practicadas.

Ahora bien, como ya se ha dicho, es posible que el fracaso de este motivo de recurso venga dado porque nada se alegó durante la instrucción de la causa en torno a la forma y condiciones en que se realizó la rueda de reconocimiento, ni consta objeción alguna en el momento de la práctica y es que de haber existido realmente condiciones suficientes para impugnarla lo lógico hubiera sido hacerlas constar durante su práctica y no en el posterior recurso. Incluso podría haber sido cuestionada dicha prueba de cargo, solicitando la comparecencia ante el tribunal de todos aquellos que formaron la rueda (STS 15 octubre 2001 -RAJ 8804-) para que sus diferencias físicas fueran apreciadas in situ.

No hay que olvidar que la jurisprudencia del TS ha destacado que el reconocimiento en rueda practicado en fase de instrucción, pese a contar con todas las garantías legales, no puede considerarse como una prueba anticipada y preconstituida de imposible reproducción en el juicio oral en virtud de su supuesto carácter irrepetible y así tampoco que la sentencia será siempre absolutoria cuando la prueba de cargo consista exclusivamente en la mera identificación visual, por lo que este elemento probatorio sólo podrá servir de fundamento a la condena cuando además concurran otros que racionalmente corroboren la información proporcionada por aquél, por lo que se deduce que el reconocimiento en rueda no fue la única prueba de identificación practicada en el supuesto recurrido.

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